La historia de la familia Makluf Freig Palestina en el corazón

La historia de la familia Makluf Freig Palestina en el corazón

A los 15 años emprendió rumbo a América el patriarca del clan, José Juan. Se demoró otros cinco en llegar a Chile porque hizo escala en México y Guatemala. Instalado en La Calera, anduvo y desanduvo polvorientos caminos de pueblos y caseríos para vender su mercadería. Hasta que llegó la prosperidad.

Cinco años demoró el joven José Juan Makluf en cubrir el tramo comprendido entre su pueblo de Taibe y La Calera. No se vino directo. Con pasaporte turco correspondiente a la época del mandato británico sobre Palestina, hizo escala en México y Guatemala, donde fue acogido por coterráneos que habían emigrado antes. Pero él no tenía apuro: era apenas un quinceañero.

Existía, en todo caso, una razón poderosa para quedarse en los límites de la futura ciudad del cemento. El motivo se llamaba Josefina Campos Nazal.

Palestina como la suya, esta familia ya había experimentado la proverbial transformación del apellido en nuestras prácticas oficinas de identificación. Originalmente eran Elbar, que en árabe alude a la gente que procede del campo. Seguramente así se lo explicaron a algún atribulado funcionario, sin sospechar que en ese mismo instante se habían convertido en los Campos.

Juan José trabajó duro para formarse una situación y poder casarse con la mujer de sus sueños. Hizo cundir su pequeño capital a fuerza de kilométricos recorridos por pueblos y caseríos de los alrededores, en su calidad de vendedor viajero. Y así fue como pudo instalar su primer negocio, una carnicería en Villa Alemana.

En 1942 vino al mundo el único hijo de la pareja, José, abogado, ex diputado (DC) por Viña del Mar y ex agregado cultural en la embajada de Chile en Egipto.

EN BUSCA DE MILADHE

Lo más probable es que este emprendedor inmigrante haya tenido alma viajera, a juzgar por sus constantes mudanzas.

De Villa Alemana la familia se trasladó a Limache, donde José Juan, además, cambió completamente de rubro y tuvo un bazar, en el cual vendía de todo, «excepto comida», como acota su hijo.

Pero los Makluf Campos tampoco se quedaron en la capital del tomate y emprendieron rumbo a Santiago. En 10 de Julio y San Diego instalaron sus negocios de telas y de paso posibilitaron que su hijo descubriera tempranamente la vocación política que marcaría su vida…en las legendarias concentraciones del Teatro Caupolicán.

Cuando el futuro parlamentario tenía 10 años, sus padres lo llevaron al pueblo de Taibe, a buscar a su abuela Miladhe, que había quedado sola en Palestina. Los meses que pasó en la tierra de sus padres le sirvieron a José para retomar el idioma árabe, ya que a pesar de que sus progenitores lo hablaban entre sí, él se manejaba en español. Además, era la única manera de comunicarse con doña Milhade, que se vino con ellos a Chile.

De regreso, los Makluf Campos se instalaron en Viña del Mar y abrieron la tienda de venta de telas «La Fama», que perdura por 35 años en el centro de la ciudad.

EL MINISTRO MÁS COMBATIDO

José hijo estudió en los Sagrados Corazones de Viña del Mar y después en el liceo Guillermo Rivera, de cuyos profesores tiene los mejores recuerdos, así como del ambiente de apertura y discusión, y por supuesto de sus compañeros.

En su calidad de presidente del centro de alumnos del liceo, le correspondió participar en una dura batalla, que librarían resueltos los pingüinos de cualquier época: el ministerio de Educación -cuyo combatido titular era Francisco Cereceda- decidió subir de 3 a 4 la nota mínima de aprobación en el sistema escolar chileno.

Fue el acabóse.

Aunque la norma se mantuvo, los estudiantes lograron incorporar una disposición transitoria que llevó la situación a un estado bastante parecido al de fojas cero.

LA PATRIA JOVEN

De algún modo, el episodio adelantaba el interés de José por la política, que se dejó sentir con más fuerza cuando ingresó a Derecho en la sede Valparaíso de la Universidad de Chile, carrera que terminó en la Católica.

Eran tiempos de cambio, los turbulentos años 60, y el universitario se dedicó con bríos a la actividad política. Trabajó sobre todo en la campaña de Frei padre y por cierto no quedó incólume ante esa fuerza telúrica que se llamó la Patria Joven.

«El 12 de junio de 1964 me tocó recibir la marcha en La Calera, junto a Radomiro Tomic. Fuimos los dos únicos oradores», recuerda nostálgico. Por supuesto, también la esperó en Valparaíso el 18 de junio y tres días después llegó marchando al Parque Cousiño de Santiago, cuando confluyeron las columnas del norte y del sur.

Así como vivió los turbulentos años 60 en las aulas, se recibió en el no menos conflictivo 1972. Instaló su estudio y en 1975 se casó con María Isabel Freig, cuya familia procede de Belén. La pareja tiene cuatro hijos: José, abogado; Salvador, egresado de Derecho; Eduardo y Jorge, estudiantes de Enseñanza Media.

Además de vivir un tiempo en Egipto y en Argentina, los Makluf Freig también estuvieron en España, donde nació uno de sus hijos y donde se radicaron temporalmente para recuperarse de la pérdida de su hijo David, quien murió a los nueve años afectado por una grave enfermedad, lo que fue para todos ellos una experiencia desoladora.

PALESTINA Y EL PARLAMENTO

Tras la recuperación de la democracia, José Makluf Campos fue nominado por su partido como candidato a diputado por el distrito de Viña del Mar, cargo que ganó en las urnas para el periodo 1994-98, lo que para cualquier persona que se le dedica a la política representa un anhelo cumplido. Se abocó con entusiasmo a la labor legislativa e incluso se alejó de su estudio profesional, pero a pesar de los costos personales que eso tuvo, se nota que se sintió plenamente realizado. Hasta el día de hoy afirma que uno de sus grandes logros fue haber contribuido decididamente a la creación de la comuna de Concón.

Ex presidente de la Federación de Entidades Árabes de Chile, está profundamente comprometido con la causa de su pueblo, al igual que su hijo Salvador, quien es presidente de la Juventud Árabe de Valparaíso y Viña del Mar.

Los Makluf tienen una propiedad en Taibe, el pueblo bíblico que antes se llamó Ofra y donde estuvo Jesús el día antes de su aclamado ingreso a Jerusalén. Todavía queda una muralla en pie, relatan con un dejo de tristeza, pensando tal vez en José Juan y Josefina, fallecidos en 1970 y 1988. Es, a fin de cuentas, un espacio que esperan revisitar el día que los palestinos logren su propio Estado.

Fuente: El Mercurio de Valparaíso

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Salvador Makluf

Abogado y Consultor Inmobiliario

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