Carta a Palestina

Te nombro y rememoro pasajes vividos con indolencia, fertilidad y desesperanza.

Eres el alma de la esperanza, mil veces muerta y resucitada, la Palestina del oriente cercano, ¡Como estás presente en mis sollozos!

Te vi hace decenios en sueños de embrión,  luz de patria,  patria sangrante, te canto y te vivo,  eres mía,  eternamente mía,  desde que abrace tu mirada,  cuando la infancia era mi refugio expectante.

Abruptamente te convertiste en mi pasión, no podría vivir sin ti, soy completamente parte de tu tierra,  polvo soy y en ti me convertiré.

Tú,  mi alma y mi patria,  reconoces el olor de la Victoria,  será pronto pero lejos,  reconfortante y permanente,  te amaré como un pétalo,  te amaré como a mi madre.

​Te dono mi todo, soy un instrumento de tu liberación,  patria mía,  eres libre y libertaria, sonríes de cerca al paraíso divino.

¿Dónde están tus custodios, ángeles de fuego que protegen tu esencia?  Es momento de lucha o de permitir al victimario que te aniquile? 

Dame una señal, entrega las respuestas de tu existencia,  queremos verte flameando en la constelación más lejana,  eres una estrella en un mar de muerte,  perdóname por no hacer lo suficiente,  te lo ruego,  perdóname por la omisión y el pecado capital del olvido.

Tierra Sagrada, cobijaste a Jesús el palestino; sí, Cristo es ciudadano de la Santa Patria, mensajero de paz, ser supremo, Hijo de Dios, ruega por nosotros.

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Salvador Makluf

Abogado y Consultor Inmobiliario

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