Carta a la Ausencia de Tiempo

No es que no pensemos en el presente cuando éste ya se convierte en el pasado, sintiendo la frialdad de un sentir inerte, deslucido,  enfermo de vida, sino más bien,  es la irrealidad del tiempo,  de esa milésima de perfección deseada y alcanzada, sonrisa mágica y perpetua,  sólo es tiempo,  que con el tiempo toma relevancia, de ese que lástima cuando el tiempo deja de ser tiempo y se transforma en una inmortalidad.

Las palabras canalizan los sentimientos,

los hacen propios, historias contantes sin sonantes, palabras más palabras menos, son sólo benditas palabras, que unidas traman la historia que deseamos antes de nacer por tercera vez, SI SOLO ES LA VIDA, tenemos la obligación de contarla, de la forma como se le recuerda, más de cómo fue.

Me gustan las palabras, algunas las amo,  

a otras las detesto, y a las menos las acaricio, cuando la plenitud del alma llena los caracteres de la historia, que historia,

mi historia,  que va,  sí sin los interlocutores lectores, sólo sería un monólogo, abandonado en las dramaturgias de la manipulación del historiador de turno, que dependiendo del ánimo del día, sería tal o cual el victorioso.

Me mola, claro que mola estar cuerdo en el bullicio del amor, que linda algarabía entre neurona y neurona, que sinapsian antes los antojos escondidos de la sordina, incolora, inocua, sencillamente desgarrador.

Palabras más, palabras menos, la vida es sencillamente maravillosa, jardín multicolor, multipensantes creadores que minuto a segundo parafrasean los designios del Creador.

No hay peor sordo que el que no quiere hablar, ni peor humano que olvida la humanidad, si somos polvo, y en polvo nos empeñaran; hoy en el año del señor del 2010,  cuestiono si todavía el geniecillo maligno continúa engañándome o si yo me engaño con su existencia perenne.

Respuestas no vendo en este momento, la liquidación de otoño culminó en la tienda de la ignorancia,  esa dulce ignorancia olvidada,  que nos recuerda que es mejor ser ignorante que mentiroso.

Todavía quedan restos que naufragan en la penumbra, que lindo es cambiar de día a noche, atardeciendo en la vida, como cuando las pieles son pasas, marcando los pasos cantados en compañía del ser supremo, donante de amor, paciente de comprensión, insolente de pasión.

Que lindo día, gracias por estar, gracias por ser, por existir, por vivir, por amar, por olvidar, por querendar,  por recordar,  por silenciar,  por besar, por acariciar, y por sobre todo,  agradecido estoy por sólo observar cuando los días pasaban antes de que se cumplieran los 8 lustros que ya pasaron como una ráfaga juramentada de valor y volver.

En ausencia del tiempo, nada cobra más importancia que el tiempo.

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Salvador Makluf

Abogado y Consultor Inmobiliario

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